20.8.07

Diablo y ¿Quién mató a Pablo de Rokha?


En la foto, el elenco más la banda sonora de la obra “Quién mató a Pablo de Rokha”, estrenada el pasado sábado en la mítica sala de artes independiente La Perrera.
Fue el “hola y chao” (estreno y adiós) de una particular y abstracta pieza teatral chileno-francesa que se presentó ante un público entumecido de aproximadamente 30 personas. Entre ellas, el mismísimo embajador galo que, según escuché, no sabía decir ni hola en español. Pero bien supo lo que son las sopaipillas pasadas y el tinto navegao chilenos. Bien por él que aprendió y disfrutó de algo nuevo, y harto rico que estaba el copete.
En cuanto a la trama y a la puesta en escena de la obra, no me pregunten a mí.
Mi padre, poco conocedor de estos artes abstractos en que prima lo escénico y la plasticidad por sobre el diálogo, dijo no haber entendido nada. Y de seguro que la mayoría opinó lo mismo, puesto que el escaso monólogo por parte del dueto actoral fue bilingüe: él en francés, y ella en chileno.
Lo que es yo, preferí ubicarme tras bambalinas donde, en mi opinión, se concentró toda la acción. No me gusta el teatro por lo demás, y más allá del hecho de que toque mi hermano en la banda, no me perdería pero ni cagando esta novedosa oportunidad de ver y estar en frente nuevamente de este diAblo versión 2007.
Una vez más, me di el lujo de sumergirme en el infierno de sus notas y respirar el azufre que se desprende de la potencia y atmósfera de su música.
Fue como estar detrás de la cortina de una película de cine mudo al estilo de los años 30, acompañando y fotografiando a la banda sonora.
Mi viejo, como cualquier otro fan de diAblo, insistió en que si aplaudió al final del show, fue por los méritos de la banda sonora. Y como yo no vi tampoco el espectáculo de retorcidas plasticulares, llamas, humo y aullidos de lobo, no me quedó más que estar de acuerdo, y vaya que no!.  Sólo tengo alabanzas para estos discipulos del Pulento. Se nota que hay química, y es que para crear la música de una obra en a penas dos semanas, no existe otra explicación.
Si bien por estos meses la banda anda con uno menos (Ervo de paseito en Londrés), los acompañó en ésta oportunidad un cabro en los vientos, y lo hizo notablemente bien.
¿Nuevo integrante? pregunté, aludiendo al chico de la trompeta. Y mientras Toño respondía no muy convencido, pero sí muy contento por los resultados obtenidos, de pronto me acordé que en medio de la intervención de diAblo, ahí en pleno, escuché (o sentía más bien que escuchaba) algo familiar, algo como raro que de pronto me agarra de lleno como paipazo a la memoria: !se trataba del alma en pena de un ya olvidado Roberto Denegri en tiempos de Familea Miranda!
Lo pensé en voz alta y el comentario soltó algunas risas en señal de acuerdo.
"La pulenta!", dijo uno. Al parecer, no fue sólo ralladura mía.
Cosas del rock.
*PG